El plan anual de entrenamiento: cómo se arma una temporada
Un plan de temporada no empieza en la primera sesión. Empieza en la fecha del primer partido que importa, y se trabaja hacia atrás desde ahí.
Primero el calendario, después las sesiones
El error habitual es empezar por el principio. Se arma la primera semana, luego la segunda, luego la tercera, y en noviembre resulta que el torneo que define la temporada cae justo en la semana en que el equipo está más cansado. El calendario de competición es lo único de la temporada sobre lo que no tienes control, así que es el punto de partida y no una consecuencia.
Antes de escribir una sola sesión, cuatro números deberían estar sobre el papel:
- Cuántas semanas dura la temporada.
- Cuántas sesiones por semana puedes sostener de verdad, no cuántas te gustaría.
- Cuándo son las competiciones y cuál de ellas juzga la temporada.
- Cuántas semanas hay entre la primera sesión y la primera competición.
Ese último número decide todo lo demás. Doce semanas de pretemporada construyen una temporada distinta que cinco.
Tres periodos
El año se divide en preparación, competición y transición. La división es antigua y conocida, y precisamente por eso a menudo sobrevive como un nombre sin contenido. Lo que cada periodo significa para el calendario es esto:
| Periodo | Para qué sirve | Qué cambia en la semana |
|---|---|---|
| Preparación | Construir la base e introducir lo que se va a jugar | Más volumen, menos competición, el error está permitido |
| Competición | Sostener la forma y preparar a un rival concreto | Menos volumen, más intensidad, la semana gira en torno al partido |
| Transición | Recuperación, planificada y no accidental | Pocas sesiones, otras actividades, sin competición |
La transición es el periodo que se salta. Un equipo que nunca ha parado entra en la siguiente preparación más cansado de lo que salió de la temporada anterior, y eso no se ve en la primera sesión: se ve en febrero.
Mesociclo: un bloque de tres a seis semanas
Entre el periodo y la semana suelta hay un bloque con un objetivo. De tres a seis semanas es lo habitual: suficiente para cambiar algo, lo bastante corto para no perderlo de vista.
Un bloque tiene un nombre que cabe en una frase: «subir la resistencia», «ensayar la superioridad», «preparar la semifinal». Un bloque sin ese nombre es solo sesiones seguidas.
Microciclo: la semana
La semana es la unidad que un entrenador realmente sostiene en la cabeza. Ahí se reparte la carga: qué día es el más duro, cuál va antes del partido, dónde cae el día libre. Dos días duros seguidos no son un error en sí; el error es que ocurran porque nadie miró hacia delante.
Una prueba útil: si no sabes decir por qué el martes es el día duro, el calendario es una costumbre y no un plan.
Qué se decide de antemano y qué no
Un plan anual no contiene el contenido de cada sesión. Si lo contiene, estará equivocado en octubre, porque las lesiones, los horarios caídos y el reparto de la instalación no lo respetan. De antemano se escribe la estructura:
- Los periodos y sus fechas.
- Los bloques dentro de ellos, cada uno con nombre y objetivo.
- Sesiones por semana y cómo se reparte la carga a lo largo de ella.
- Fechas de competición y las semanas en que baja el volumen.
El contenido de cada sesión se escribe durante el bloque, cuando se ve dónde está el equipo. El plan de temporada existe para que esa decisión no sea al azar.