Planificar un entrenamiento de waterpolo: el agua, el horario y la pizarra
En waterpolo la piscina decide la sesión antes que el entrenador. Quien no lo cuenta, planifica una sesión que no cabe en el horario.
El horario es el primer límite
Un pabellón se reserva; el agua se comparte. La mayoría de clubes trabaja en una piscina que a esa misma hora es también de otros: nadadores, una escuela de natación, una categoría menor en las calles de al lado. Eso cambia la planificación de un modo que no se ve en un plan escrito para pista.
- El tiempo en el agua no es la duración del horario. Entre el comienzo oficial y el momento en que el equipo trabaja de verdad pasan diez minutos. Un plan de sesenta minutos en un horario de sesenta minutos no existe.
- El espacio es estrecho y compartido. Un ejercicio que necesita el campo entero no se puede colar cuando surge la ocasión; se planifica para un horario en que el campo sea de verdad tuyo.
- Explicar cuesta. Cada parada para explicar algo enfría al equipo y gasta el horario. Por eso en waterpolo los ejercicios se explican antes de entrar, no dentro del agua.
Ese último punto es la razón por la que compensa tener los ejercicios de waterpolo dibujados y mostrados de antemano. Un minuto en el borde vale cinco dentro.
Seco y agua son un plan, no dos
El trabajo en seco se lleva a menudo aparte, como algo que ocurre «si da tiempo». Con eso se pierde la única parte del entrenamiento donde se puede trabajar lo que el agua no permite, y la única que no depende del reparto de la piscina.
Llevados en un mismo plan, se ve la carga total de la semana. Llevados por separado, la sesión de seco más dura cae con regularidad el día antes de la sesión de agua más dura, y eso nadie lo planifica a propósito.
Una pizarra de waterpolo no es una de balonmano
El campo tiene sus marcas: la línea de cinco metros, la de dos metros, el centro. Un ejercicio dibujado sobre el campo equivocado se lee mal, porque las distancias no son las mismas y las posiciones no significan lo mismo.
Lo mismo con las marcas de los jugadores. En waterpolo el gorro número uno es el del portero y es rojo; un gorro azul con un uno es el detalle que cualquier waterpolista ve en un segundo, y que dice de inmediato que el material no lo ha hecho alguien del deporte.
La superioridad y la inferioridad son las situaciones que más compensa tener dibujadas y animadas. Los movimientos son cortos, están definidos con precisión y se repiten cada partido, y ahí está exactamente la diferencia entre «todos saben dónde ir» y «todos creen que lo saben».
Qué seguir a lo largo de la temporada
Junto a la asistencia y las mediciones habituales, en waterpolo compensa anotar cuánto ha estado cada uno realmente en el agua, aparte de cuántas veces ha estado en el entrenamiento. Quien pasó tres semanas solo en seco por el hombro estuvo presente en todas las sesiones, pero no hizo el mismo trabajo, y si eso no queda escrito, en marzo parece una bajada de forma sin motivo.